VIGENCIA Y FUTURO DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA
VIGENCIA Y FUTURO DE LA IZQUIERDA LATINOAMERICANA
Foro realizado el 25 de agosto de 2008
Expositores: Antonio Cortés Terzi, Nicolás Grau, Jorge Arrate y Alfredo Joignant
Moderador: Germán Correa
Germán Correa
Quiero agradecer la presencia esta tarde de nuestros cuatro invitados para el tema que vamos a ver hoy Vigencia y futuro de la izquierda en América Latina, que son don Antonio Cortés Terzi, Nicolás Grau, Jorge Arrate y Alfredo Joignant.
Desde luego este es un tema de gran preocupación para muchos de nosotros en el panorama que hoy presenta América Latina respecto de las ideas de avanzada, de las ideas progresistas. No poca confusión en esta materia, algunos disensos inclusive entre nosotros con respecto a cómo calificar determinados movimientos en América Latina de la perspectiva de lo que hoy podríamos entender un movimiento o posición de izquierda. Nos hemos juntado en otras ocasiones para reflexionar sobre este tema y hoy hemos invitado a estos cuatro destacados panelistas para hacer un aporte adicional a esta reflexión permanente, a la búsqueda de nuevas respuestas, nuevos caminos para hacer avanzar las ideas del progreso y del socialismo en el mundo actual, tan adverso para ella. De tal modo que esperamos que en estas reflexiones que escuchemos, hagamos un pequeño avance más en esta perspectiva, que nos vayamos con algunos insumos adicionales para seguir reflexionando sobre este tema tan vigente para nosotros como siempre.
Jorge Arrate
Clodomiro Almeyda hace 50 años publicó un libro en que recogía una parte de sus escritos entre 1955 y 1958, algunos de esos escritos dicen relación precisamente con el tema al que se nos ha invitado a debatir, los escritos de Almeyda –a los que me refiero- eran escritos políticos y, como todo escrito político, son escritos de época. Nunca lo que ocurrió hace 50 años es igual a lo que ocurre hoy o a lo que va a ocurrir en los próximos 50 años, de eso estoy seguro: Del mismo modo estoy seguro que es muy difícil definir lo que hagamos hoy o lo que hagamos para los próximos 50 años, sin saber cómo se fue estructurando el pensamiento que representamos en el pasado. De ahí que textos de hace 50 años tienen más de algún sentido hoy y aunque gaste una parte del reducido tiempo que disponemos, creo que es más ilustrativo que mis propias reflexiones, dedicarle unos 5 minutos a leer algunas de las cosas que dijo Clodomiro Almeyda en este libro llamado Reflexiones políticas, publicado hace exactamente medio siglo.
Escribió un artículo sobre Argentina y decía: “Las energías y fuerzas sociales inéditas que ha desatado el proceso revolucionario argentino iniciado en 1943 -consecuencia indiscutida del peronismo-, se encuentran todavía en plena ebullición. La emergencia activa de las masas y del trabajo argentino como primera fuerza política de su país, el más avanzado económicamente de toda América Latina, ha abierto insospechadas posibilidades a su evolución social. Que el servilismo de los sindicatos al oficialismo paternalista le reste dignidad e independencia al movimiento obrero, que el nivel de educación política de sus dirigentes nos aparezca a los chilenos de una monstruosa mediocridad, etc., es cierto, pero la importancia de estas facetas negativas y limitantes, palidece frente a la significación del hecho macizo de que el pueblo argentino está hoy presente y vivo en la historia de su patria”. Este texto de 1955 ha de haber sido poco tiempo antes, en pleno conflicto de Perón con la iglesia católica y poco antes de la caída de Perón.
Sobre Bolivia. Es la época de Ibáñez, el Partido Socialista ha estado nueve meses en el gobierno de Ibáñez, se ha retirado del gobierno y escribe Clodomiro Almeyda militante del Partido Socialista Popular que apoyó a Ibáñez en la elección presidencial: “Seguramente los hombres que se califican a sí mismos como “experimentados” y “realistas” juzgarán la entrevista de La Paz (entre Carlos Ibáñez y Paz Estensoro), según los cánones tradicionales de la diplomacia; no le asignarán mayor importancia, que la que se merece un acto de cortesía y se lamentarán por la circunstancia de que nuevamente se haya tratado sobre el problema portuario boliviano por las autoridades chilenas. Este último tema, afirma nuestra prensa seria, no debe haber salido de su trámite en las cancillerías, el único conducto, a su juicio, para resolver cuestiones internacionales”.
Sobre Colombia Almeyda, en uno de los párrafos dice: “Bajo las apariencias de una estructura democrática se esconde un hábil sistema de defender el status vigente con mayor eficacia que una dictadura confesa y declarada, y con una sutil hipocresía y cierta elegancia que engaña y seduce a los que se dejan arrastrar por las formas externas, pero que no puede equivocar al pueblo mismo que siempre termina por descubrir dónde están sus enemigos.”
Respecto de Brasil: “La emergencia del pueblo brasileño al primer plano de las luchas políticas puede con el tiempo romper el actual equilibrio inestable de la política latinoamericana… Sólo la progresiva unificación latinoamericana a través de la común tarea de liberarnos y desarrollarnos económica, política y culturalmente, puede garantizar el triunfo, triunfo que no advendrá en forma aislada en país alguno, sino que será el fruto del esfuerzo común. Y el inapreciable concurso de Brasil ya se dibuja en el futuro”.
Sobre Uruguay y el socialismo argentino, en fin, podría leer bastante más de estos textos de Clodomiro Almeyda escritos en una época que todos ustedes conocen, estamos hablando de fines de los años 50, la guerra fría está en curso, el mundo es un mundo ya bipolar, América Latina sigue siendo el patio trasero de los Estados Unidos porque estamos antes de 1959 cuando ocurre la revolución cubana. Y sin embargo la visión que tenemos de hace 50 años es de una América Latina que estaba bullente, que estaba emergente, habla Almeyda de los teatros en Santiago que se repletaban para aclamar la revolución boliviana del Movimiento Nacionalista Revolucionario de Víctor Paz Estensoro.
Han pasado 50 años y lo que quiero es tratar de reflexionar desde la situación actual tomando como punto de apoyo lo que Almeyda veía de América Latina hace 50 años, qué ha cambiado de entonces, porque si uno lee cada uno de estos párrafos fuera del contexto de la época y del contexto de cada uno de los artículos, uno podrían muy bien pensar que están escritos a lo mejor en estos días. El mundo no es bipolar, es mundo es unipolar, el mundo es globalizado, los estados nacionales han perdido peso naturalmente por el proceso económico de expansión del comercio tras el cual se construye todo el proceso que conocemos como globalización.
Creo que los partidos políticos han perdido presencia y fuerza en particular en la opinión latinoamericana, pero creo es una situación mundial y que han adquirido una relevancia muy fuerte los movimientos sociales, particularmente a nivel internacional, después de Seattle en 1999 los alter globalizadores, los alter mundistas han adquirido una fuerza muy grande a través de los foros sociales y de un movimiento que tiene contornos de carácter protagónico y de carácter mundial y que se refleja en las respectivas realidades nacionales y, al mismo tiempo, éstas lo nutren.
Desde nuestro punto de vista latinoamericano lo que se ha impuesto, prácticamente sin excepción en nuestro continente, con la sola excepción cubana, son modelos neoliberales que estuvieron basados en el Consenso de Washington que significaron todo lo que sabemos, y que no voy a repetir aquí, en la década de los 90 y en los primeros años de este siglo, cuando se produce esta reacción popular y democrática en distintos estados de América Latina para configurar lo que algunos han querido llamar o llaman un giro a la izquierda en América Latina.
En realidad el neoliberalismo deja una herencia desastrosa en particular desde el punto de vista social, no sólo por las desigualdades en que nuestro país, por desgracia, ocupa el primer lugar en las comparaciones porcentuales por deciles o quintiles de distribución de ingreso, no sólo en la distancia económica, la distancia absoluta entre los que tienen más y los que tienen menos que en nuestro país se ha ensanchado notablemente, sino incluso por el tema de la pobreza que nosotros hemos exhibido durante un largo tiempo como uno de los éxitos de los gobiernos postdictatoriales y que efectivamente ha sido un esfuerzo importante y destacado que ha producido, sin ninguna duda, impacto y efectos.
Sin embargo el Banco Mundial en una información que la prensa chilena ha omitido, por usar una palabra benevolente, el Banco Interamericano de Desarrollo acaba de emitir hace 12 días un informe público respecto al impacto del aumento en el precio de los alimentos en la pobreza.
Ustedes saben que el mundo capitalista enfrenta hoy una triple crisis, que no se había dado anteriormente, hay una crisis financiera, una crisis energética y una crisis derivada del aumento del precio de los alimentos, según el BID, que no es sospechoso de ninguna desviación inmoderada, según el BID más de 26 millones de personas de América Latina y el Caribe pueden caer en la extrema pobreza si se mantienen los precios altos de los alimentos, les quiero dar la cifra de Chile que en la proyección que el BID hace para el año 2006 -o sea después de la CASEN-, en el caso de Chile la pobreza está estimada para 2007 en 12,3%, antes del alza de precios de los alimentos, en un 17,2% después del alza de precios de los alimentos.
Qué quiero decir con esto, quiero decir que el neoliberalismo, entre otras cosas, ha dejado un legado de vulnerabilidad a economías que en otras etapas de su historia también fueron vulnerables, pero que ahora siguen siendo tremendamente vulnerables, aquí la pobreza está aumentando, sin que nos demos cuenta en un 40%, ustedes dirán es por el modo cómo se mide, sí, pero esa es la manera que se mide, y si se sigue midiendo de esa manera vamos a tener como resultado que la pobreza en Chile ha tenido un incremento de más del 40% debido al alza de los precios de los alimentos si no hay políticas que compensen esta alza de precios de los alimentos.
El giro a la izquierda entonces se explica en parte en el funcionamiento de este modelo neoliberal que ha profundizado las desigualdades, que ha aumentado la distancia económica y que no ha sido capaz de llevarnos en un sendero de franca, real y consolidada superación de la pobreza.
Pero la pregunta es ¿este giro a la izquierda es tal? porque hay quienes dicen que el giro a la izquierda corresponde a dos izquierdas, y que esas dos izquierdas son entre sí irreconciliables, los moderados y los radicales, los que utilizan el instrumento de las constituyentes, particularmente los procesos de izquierda en los países andinos, y los que trabajan con las constituciones que heredaron, las izquierdas, dice alguien, abiertamente anti neoliberales y aquellas otras que tiene signos contradictorios.
El punto no es si hay o no dos izquierdas, creo que lo que hay son muchos procesos y que esos procesos corresponden a realidades nacionales, mi impresión -no es un tema para profundizarlo ahora- es que la influencia del pensamiento y la acción de Salvador Allende ha sido muy grande en esos procesos, pero son procesos cada uno adecuado a las realidades nacionales específicas, y por lo tanto, la pregunta que hay que hacerse no es si son dos, si son tres, si son cuatro, si son seis izquierdas, la pregunta que hay que hacerse es si esas izquierdas van a contraponerse o van a colaborar.
Y en esa perspectiva creo que a lo que tenemos que apuntar como futuro de la izquierda es a algunos de los elementos que el propio Almeyda señalaba en sus textos y que no han periclitado, procesos democráticos en la mejor tradición de Salvador Allende, unitarios en el sentido de agrupar fuerzas, no de falsos vanguardismos, latinoamericanistas en la mejor tradición, diría yo, de la izquierda chilena, y en particular del socialismo chileno de 1933, 1940 con la propuesta de una nacionalidad latinoamericana, 1947 el programa de Eugenio González, nacionalizadores, rescatadores de riquezas básicas que hoy por lo menos en el caso de Chile, significa prácticamente un saqueo del cobre con ganancias inusitadas del capital extranjero, igualitario, gradual, con metas creíbles y viables a corto plazo y con un horizonte que reviva la tensión utópica de la izquierda en el mediano y en el largo plazo.
Creo que hay signos, y esos signos están en los gobiernos que representan este giro a la izquierda, cada uno en lo suyo, proponiendo, hoy en la mañana leo en la prensa, un ferrocarril que va desde Caracas hasta Buenos Aires, el presidente Chávez, los corredores bioceánicos que están planteados desde hace mucho tiempo en América Latina, el UNASUR que preside hoy Michelle Bachelet, Presidenta de Chile, el honor para la historia de la izquierda que significa que las dos primeras mujeres electas democráticamente presidentas de la república en América Latina, lo hayan sido con banderas de izquierda, como es el caso de Michelle Bachelet y es el caso de Cristina Kirchner en Argentina y que el primer mandatario electo con una bandera de carácter étnico, también se identifique con los valores, la historia y la doctrina de la izquierda, me refiero a Evo Morales en Bolivia.
Nicolás Grau
Muchas gracias a la Fundación Clodomiro Almeyda por la invitación en general y, en particular, por discutir este tema que sin duda alguna es bastante interesante, quiero hacer algunas salvedades antes de mi presentación, mientras, hablaba Jorge, estaba pensando todas las cosas que no diría y son muchas, por lo tanto diré algunas cosas que no van a estar presentes y que a mi modo de ver sí tendrían que discutirse para revisar las posibilidades de la izquierda en América Latina. Una de ellas, no me voy a referir a los temas productivos y al tema del crecimiento que, sin lugar a dudas es un tema que ha perseguido a la izquierda y que hay que discutirlo a futuro. Mi presentación será un tanto abstracta respecto de lo que efectivamente está pasando en América Latina y por último, otro problema, es que no voy a discutir cómo hacer las cosas que propondré, lo que obviamente en política es un problema mayor
De este modo, trataré de referirme a lo que yo pienso debieran ser los objetivos de la izquierda en general y también en particular en el caso de América Latina, me referiré en extenso a la relación entre igualdad y democracia, cuestión que me parece central en el futuro de la izquierda latinoamericana, posterior a ese marco general trataré de caracterizar un poco la situación actual de América Latina y algunas líneas para justamente el programa de izquierda a partir de este marco con el iniciaré.
En términos generales diría que la izquierda históricamente ha apostado por la distribución del poder y esto significa identificar históricamente cuáles son las trabas para que las personas y los pueblos puedan desarrollar efectivamente sus planes de vida. En este sentido ha tenido distintos momentos, ha tenido momentos que han sido más bien liberales y que tienen que ver con las trabas que hay a las libertades formales de las personas, poder votar, poder pensar distinto, poder expresar opiniones distintas, y en otros momentos ha identificado como trabas centrales los problemas de la libertad real, es decir, no sólo que las leyes permitan hacer las cosas, sino que las personas tengan los medios para desarrollar los planes que quieran hacer, que tiene que ver con poder alimentarse, poder tener educación, en fin.
Mi impresión entonces es que el programa de la izquierda o del progresismo en general, es ir identificando históricamente cuáles son las trabas a este desarrollo de las libertades reales, históricamente como lo fue la esclavitud por cierto, pero también cómo lo fue a partir de la crítica socialista a la propiedad privada y cómo lo es actualmente también la propiedad como una traba al desarrollo de las personas.
Este principio general y este objetivo general de la izquierda tiene expresiones históricas concretas, y por lo tanto su desarrollo, tal como decía Jorge, exige nuevos programas para cada época y así yo pienso que uno puede considerar progresista lo que era hace 300 años, cuestiones que actualmente no serían progresistas, sería un programa muy pequeño, mínimo para lo que efectivamente podemos hacer a estas alturas.
Y tal vez uno de los problemas de la izquierda es que presiente una cierta dualidad, y muchas veces los programas progresistas de izquierda abordan sólo uno de estos temas, a mi modo de ver uno de los casos es el chileno, la dualidad se expresa en que, por un lado, tiene que apostar a fomentar la tolerancia en algunos aspectos de la sociedad, y en otra áreas la intolerancia. Tolerancia en cuanto a la diversidad de opciones de vida, de condiciones naturales, el aceptarse entre etnias distintas, el respetarse entre géneros distintos y que tengamos libertades que nos podamos respetar, aceptar y valorar, la diversidad, pero intolerancia frente a las diferencias sociales que se producen estructuralmente y limitan la posibilidad de elegir los diversos planes de vida. Esta diferencia hace, yo diría, que muchas veces la izquierda confunda lo que es un programa progresista de izquierda efectivamente sólo con una de sus partes
Esta vieja discusión en Chile si el presidente es o no el presidente de todos los chilenos, es bastante fuerte en el primer punto, es decir, un presidente que tiene que representar a todos, que tenemos que ser capaces de vivir en consenso, pero ha sido débil, sobre todo los últimos gobiernos, en cuanto a efectivamente jugársela por un sector de la sociedad y dar cuenta de un dilema ético que es simplemente no aceptar ciertas desigualdades, desigualdades que se expresan que no son aceptables, una de ellas, un caso de ejemplo es la herencia, la institución herencia que es el traspaso de la propiedad entre generaciones, es igual de arbitrario que como nosotros partimos esta discusión, sacando papeles, con la diferencia que no determina el orden con que hablamos, sino que determina los planes de vida de todas las personas, eso como horizonte ético obviamente no es aceptable, el socialismo y el comunismo fueron apuestas en el siglo XX y un poco antes, de justamente superar estas diferencias y proponerle al mundo un nuevo sistema que no toleraba estas diferencias sociales.
En resumen, la izquierda tiene distintos programas, tiene una dualidad entre la tolerancia y la intolerancia en ciertos aspectos, pero la aplicación de esto y el encontrar un programa efectivamente de izquierda y progresista obviamente depende a cada una de las situaciones históricas y lo que aparecía progresista hace 200, 300 años puede parece incluso a estas alturas conservador.
Un segundo punto que me parece importante resaltar en la discusión de la izquierda, tiene que ver con la relación entre la igualdad y la democracia, yo diría que estos dos principios responden a un mismo espíritu y es que cada persona tenga la misma capacidad de incidir en su vida y en la vida social, la democracia trata de que todos tengamos la misma posibilidad de incidir en cómo nos ordenamos socialmente y la igualdad significa que cada una de las personas pueda decidir efectivamente lo que quiera hacer con su vida y no esté marcado por la cuna.
Sin embargo, históricamente en la izquierda en Latinoamérica, en Chile y en el mundo en general, ha habido un desprecio, al menos al nivel teórico, de la democracia y en otros lugares a nivel práctico, en Chile sobre todo a nivel teórico, Jorge me prestó hace un tiempo un documento del Partido Socialista, Avanzar sin transar, la verdad los textos tienen un desprecio bastante fuerte por la democracia, sin embargo yo diría que al menos en Chile en términos prácticos eso no fue lo que sucedió, sí ha sucedido en otros espacios de América Latina, entonces a mi modo de ver parece difícil entender que aun cuando estos dos principios, la democracia y la igualdad, responder a un espíritu similar, hayan tenido y hayan estado en conflicto en la izquierda y creo que esto se explica por distintas razones.
Y antes de explicar estas razones, también hay que considerar que en América Latina la democracia, la mínima aceptable, es decir que todas las personas puedan votar, el voto universal, tiene una corta vida en el continente y en particular en Chile, si uno considera que existe democracia más o menos desde cuando las mujeres pueden votar y después desde que pueden votar todas las personas más allá de la propiedad que tengan, como no era a principios del siglo XX, uno piensa que en el Chile no llevaríamos más de cincuenta, sesenta años de votación, descontando los 20 ó 17 años de dictadura, tenemos apenas 30 años, 40 años en que las personas efectivamente han podido votar por las opciones que les parecen más aceptables, por tanto la democracia que aparece como algo que ya está dado y que va a ser eterno en nuestros pueblos, yo diría que las izquierda y los sectores progresistas debieran estar preocupados por defenderla sistemáticamente, porque es algo nuevo y por tanto no es estable.
Sin embargo, una salvedad, que aceptar la democracia en cuanto a procedimiento, a pesar de que parecen dos principios que responden al mismo espíritu, significa que la igualdad en el plano político se hace un derecho prioritario a la igualdad en el plano económico, una izquierda democrática propone una sociedad, una vía para disminuir la desigualdad, por eso es de izquierda, pero está dispuesta a perder, es decir, a vivir en una sociedad desigual, y por eso es democrática, una izquierda democrática propone un plan, una forma de vivir pero va a la urna y eso significa que esa forma de vivir puede perder y tenemos que aceptar entonces vivir en una sociedad desigual, eso significa que, en términos prácticos, ser una izquierda democrática con esto que tiene tan poca vida en Chile y tan poca vida en el continente, significa que estamos dispuestos a que un valor sea prioritario respecto del otro, cuestión que, por lo demás, yo estoy también de acuerdo.
Sin embargo, aun cuando la igualdad política y económica pueden ser principios que entren en conflicto, tienen también una interrelación que determina una cierta bicausalidad, en particular la concentración económica entrega a ciertos sectores sociales y económicos o étnicos la posibilidad de bloquear la voluntad de las mayorías y este justamente es el caso que estamos viendo en los últimos días en Bolivia, donde a pesar de que el proceso boliviano tiene cerca de un 70% de aprobación, tiene que ceder frente a un sector minoritario porque está concentrado geográficamente y porque además tiene ciertos recursos que son importantes para todo el desarrollo del país, ese es un ejemplo claro cómo desarrollar una democracia efectivamente plena donde todos los votos pesen de igual manera, requiere ciertas redistribuciones económicas y requiere también distribuir el poder.
Una pregunta que uno podría hacerse por ejemplo en el caso chileno es, cuánto efectivamente se ha distribuido el poder en Chile, o sea, si por alguna razón la gente en Chile se volviera más de izquierda y más progresista y votara por programas que efectivamente buscaran redistribuciones importantes en los ingresos en el país, sería posible hacer eso a pesar de que la mayoría quisiéramos, una pregunta que uno podría hacerse, cuánto ha aportado la Concertación en 20 años a hacer más viable una transformación efectivamente igualitaria en el país que no permita que ciertos sectores pequeños, por el poder económico que tienen, puedan bloquear esa transformación, entonces a pesar que es doloroso, a mí me parece por lo menos doloroso para la izquierda ceder a la democracia, en términos de ser un derecho prioritario y estar dispuesto a perder en las urnas la apuesta a una sociedad igualitaria, sin embargo en muchos casos concretos estos dos principios, el de la democracia y el de la igualdad, son principios que se fortalecen uno a otro y la pregunta es por qué los programas de izquierda en América Latina y en particular en Chile los programas progresistas, no han apuntado justamente a fortalecer esta correlación.
Entonces una sociedad democrática es la que tiene una posibilidad real de elegir colectivamente la forma de vivir, insisto, este no es el caso de América Latina, un ejemplo el de Bolivia, otro ejemplo es incluso la elección de Lula, si ustedes se recuerdan cuando estaba por elegirse Lula aparecían noticias que bajaba el precio de la Bolsa en Brasil, y eso no es otra cosa que la gente que tiene recursos está preocupada por lo que va a hacer el país, cuando pasa eso y cuando todos, la mayoría tenemos que ceder a un sector pequeño.
La importancia de apostar por una izquierda que apueste por la igualdad y por la democracia, el balance y futuro para la izquierda de América Latina para mí sería el siguiente, primero que somos un continente tremendamente desigual y esto, aunque no lo voy a tocar en mi presentación, está muy relacionado también con las formas de desarrollo productivo, países que se desarrollan con recursos naturales, obviamente por la concentración de propiedad, van a ser más desiguales que países que se desarrollan por ejemplo, fortaleciendo la tecnología.
Nuestra democracia, por otro lado, tiene pocos años de vida y la concentración económica, tal como decía antes, limita fuertemente la posibilidad de cambios más profundos y, por lo demás, los gobiernos tienen poca con conciencia de ir haciendo cada vez más probable que haya un cambio más profundo, como decía antes el caso chileno.
Un tercer punto que yo diría que tenemos avances en la esfera liberal de la izquierda, es decir en respetarnos a nosotros y avances concretos de esto, el mejor caso es el chileno en que existe una presidenta mujer, obviamente es un avance en términos del hecho de respetarnos y que los dos géneros tengan las mismas posibilidades, pero sin embargo esto no ha significado un avance en la otra esfera, la esfera más igualitarista.
Qué podría hacer entonces un programa para la izquierda, simplemente la izquierda latinoamericana tiene un punteo, insisto, tal vez lo más interesante y serio sería verlo caso a caso, país por país, primero debiéramos apuntar a formas de desarrollo más igualitarias, esta discusión que se hace en que se pone el crecimiento siempre contradictorio como la igualdad, esconde que hay distintas formas de desarrollo y hay formas de desarrollo que son más igualitarias que otras, Chile por ejemplo tiene una forma de desarrollo que es muy poco igualitaria porque, insisto, es fuerte en recursos naturales que además están fuertemente concentrados.
Un segundo punto es que nosotros debiéramos delimitar la concentración de los modos de producción, tanto en algunas manos como sectores geográficos, para que no nos pase lo de Bolivia, que el 70% quiere hacer una transformación y porque sólo unos son los que tienen el gas ellos pueden bloquear la transformación y obligan a negociar a un 70 con un 30, lo que no tiene ninguna razón en un esquema democrático, y ahí hay un desafío para la izquierda latinoamericana que es repensar las nuevas formas de redistribuir los medios de producción, como lo fue en su momento la reforma agraria a mediados del siglo XX, una expresión concreta de formas de redistribuir la propiedad, yo creo que la izquierda ha avanzado muy poco en ver nuevas formas de seguir profundizando este punto.
Tercer punto, hay que reformular y enfatizar el desarrollo de los sistemas de educación, este es un tema central porque el poder de veto y de bloqueo a las transformaciones también lo hacen los sectores ilustrados cuando bloquean ciertos procesos o simplemente por el hecho de que en un país se vuelve más igualitario y te suben los impuestos, la gente se va de los países, en fin, tener poder y un esquema de izquierda o socialista debe apuntar por redistribuir el poder.
Y un cuarto punto es fortalecer las redes económicas de América Latina de modo de limitar el veto que los otros países tienen a las transformaciones sociales y económicas que nosotros queremos apostar, si nosotros estamos solos cuando queremos hacer una transformación profunda y dependemos de todo el resto del mundo, obviamente el resto del mundo nos va castigar, y el hecho de ser un continente que en general está apuntando a transformaciones más de izquierda y hacerlas entre todos, tener bancos centrales por ejemplo en todo el continente, son cuestiones que nos pueden dar mayor holgura económica a las transformaciones sociales, es decir, nos pueden permitir que efectivamente seamos los pueblos los que definamos el destino de nuestras naciones y no estemos tan fuertemente limitados como estamos en la actualidad.
En síntesis diría que un programa que más allá de la gradualidad en su accionar, tenga un norte claro para que apueste efectivamente por la igualdad, que apueste por la democracia, que valore la democracia, pero no crea que para el ejercicio real de la democracia basta simplemente que la gente pueda votar cada cierto período, sino que efectivamente la democracia y una democracia plena requiere mucha mayor igualdad que la que efectivamente hoy tenemos.
Alfredo Joignant
En primer lugar, muchas gracias por la invitación de la Fundación Clodomiro Almeyda, un placer de estar en un foro en donde la figura de Don Cloro nos convoca. El argumento que quiero tocar acá es un argumento relacionado con una parte de la intervención de Jorge Arrate, en este caso acerca del carácter plural, heterogéneo -no sé muy bien cómo llamarlo- de estas izquierdas latinoamericanas, razón por la cual titulé mi intervención en forma de pregunta: “¿Una sola izquierda pensable o varias izquierdas posibles?”
En la convocatoria a este seminario, efectivamente se hace mención a un vuelco hacia la izquierda a escala latinoamericana, un vuelco en donde tan sólo Uribe en Colombia constituiría la excepción de esta izquierda dominante, a lo menos en América del Sur, porque en realidad solemos hablar de América Latina haciendo como si América Latina concluyera en Venezuela y más al norte. En cualquier caso, de haber izquierda dominante, que la hay, es en América del Sur, ya que América Central y el Caribe constituyen una región mucho más heterogénea.
Y efectivamente, qué duda cabe, América del Sur ha girado hacia la izquierda, a lo menos formalmente, suponiendo, y aquí es donde voy a empezar a problematizar el argumento, suponiendo que sepamos exactamente de qué estamos hablando y qué estamos entendiendo por izquierda. Mi propósito aquí es precisamente problematizar este giro continental no para negar su existencia (la negación sería algo parecido a negar la existencia de la cordillera de Los Andes) en estos momentos, sino para introducir una serie de distinciones destinadas a aclarar los términos de la discusión.
En primer lugar, me parece que hablar de giro hacia la izquierda no resulta convincente, y voy a decir por qué: creo pertinente y necesario ser precavidos cuando se emplean calificativos más o menos grandiosos de dominio político de la izquierda en una región. Esto no es primera vez que ocurre, ya que ese dominio suele ser breve, a menudo sin posteridad, con lo cual se pasa rápidamente de la euforia optimista al pesimismo desenfadado y derrotista. Quiero sólo recordar que hasta hace sólo 2 o 3 años, no más que eso, se hablaba de la ola rosa en Europa, puesto que llegó un momento en donde quince países de la Unión Europea efectivamente estaban siendo gobernados por partidos y por coaliciones de izquierda, lo que después dio lugar a un giro conservador que se prolonga hasta hoy, y lo peor es que del balance de esta ola sabemos poco, y de posteridad me parece que nada.
Pero lo que más me interesa enfatizar acá es una pregunta, la que va a tomar ciertos nombres como ejemplos, con el fin de graficar las ideas que pretendo poner en juego: ¿qué puede haber de común entre Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Tabaré Vásquez en Uruguay y Michelle Bachelet en Chile, más allá de una común identidad de izquierda? Me parece que probablemente poco.
La pregunta es entonces cómo explicar esa carencia de denominadores comunes. Al respecto, estimo que la respuesta a esta pregunta no reside tanto en las características personales de los liderazgos, sino en ciertos rasgos de los países involucrados, en el modo de definir a sus respectivos pueblos, una palabra que, dicho sea de paso, ha tendido a desaparecer de nuestro vocabulario. En ese sentido, definitivamente no es lo mismo definir al “pueblo” como pueblo obrero, como pueblo trabajador, como pueblo pobre, como pueblo campesino o como pueblo campesino e indígena, y estos problemas de definición no son sólo de naturaleza retórica, sino que son de naturaleza política: del alcance, de la heterogeneidad y de la complejidad del “pueblo”, dependerán buena parte de las políticas mediante las cuales se gobierna, se supone para ese pueblo, suponiendo que sepamos de qué estamos hablando.
En tercer lugar, las diferencias entre estas izquierdas se vuelven aún más notorias dependiendo del tipo de Estado del que estamos hablando. A este respecto, y aquí me van a perdonar el sesgo profesional, lo que una cierta literatura denomina “Estados fallidos” (por ejemplo para hablar de Bolivia y Ecuador), explica que los desafíos para gobernar no sólo sean económicos y sociales, sino también políticos e institucionales, con todos los límites que esto puede significar para gobernar. Puede entonces entenderse que esos problemas no se planteen del mismo modo en todos los países.
En cuarto lugar, también importan las características de los partidos y de los sistemas de partidos involucrados, ya que definitivamente tampoco es lo mismo competir y gobernar con partidos tradicionales que con fuerzas cuya esperaza de vida es apenas superior a la de sus dirigentes y, a veces, de sus dirigentes fundadores, lo que suele coincidir. Entre muchas razones, la debilidad institucional de los Estados y de los partidos participa del problema populista clásicamente latinoamericano. ¿Por qué? Porque los recursos extra-institucionales de líderes más o menos providenciales vienen a suplir las carencias que se resuelven en otros países por la incidencia relativa de culturas políticas más o menos establecidas, y de instituciones relativamente estables.
Pero estas debilidades institucionales cumplen además otra función, negativa también ella. Sucede que la debilidad institucional también explica la fuerte subordinación de tal o cual proyecto de izquierdas a las dinámicas provenientes de un mundo global, de las grandes potencias y de los grandes bancos. Qué duda cabe: me parece que todo programa de izquierda supone construir instituciones fuertes y elaborar políticas universales y duraderas bajo el principio general de redistribución justa del bienestar. Alguna vez, Michel Rocard dijo en Francia, y es una gran observación, que una buena reforma es aquella que no es removida ni siquiera por los adversarios directos. Por lo tanto, me parece que a partir de allí se transforma en reivindicación de izquierda la reivindicación de instituciones fuertes, de políticas duraderas y ojalá de impronta universal mediante las cuales se gobierna democráticamente el bienestar, las mentes y hasta los cuerpos de los pueblos, por muy extraño que pueda parecer. Desafortunadamente, no me es posible desarrollar aquí una línea de ideas que se encuentra bien asentada en sociología política y en lo que se conoce como ciencias del gobierno.
Todo lo que he dicho hasta ahora, me lleva a hablar entonces más de izquierdas plurales que de una izquierda homogénea. En ese sentido, me parece que las exigencias y los desafíos de países como Chile, Uruguay y Brasil son completamente distintos al resto de los países, en donde además también cabría introducir distinciones (no es lo mismo Perú que Bolivia). A lo menos en estos tres países (Chile, Uruguay y Brasil), el horizonte de izquierda debiese fundarse e “intencionarse” -verbo que, dicho sea de paso, no existe- en políticas de corte universal, no asistencialistas y con estándares cada vez más asociados a las clases medias, suponiendo que sobre estas clases también sepamos de qué exactamente estamos hablando.
Dicho en otras palabras, las izquierdas populares no reciben dicho calificativo en razón únicamente de las características de un electorado trabajador y pobre. Más profundamente, el componente popular debiese entenderse de modo dinámico, no sólo como destinatario fijo de políticas y reformas universales, sino como sujeto y actor dinámico de sus propias transformaciones de acuerdo a estándares de elevación de sus niveles de vida destinados a estrechar las brechas sociales entre ellos, y naturalmente con las clases sociales más pudientes, pero sobre todo con los grupos medios.
Lo que acabo de bosquejar es un ideario socialdemócrata, palabra literalmente prohibida por mucho tiempo en el lenguaje de izquierda en Chile, un ideario que a su vez tampoco es homogéneo, ya que existen tres grandes tipos de Estados benefactor y tres grandes expresiones socialdemócratas a nivel mundial: la nórdica, y más precisamente sueca; la europeo continental (España, Francia y Alemania); y finalmente aquella otra expresión asentada en un liberalismo de corte social como es Gran Bretaña (la famosa Tercera Vía).
Se podrá tal vez objetar que todo esto suena demasiado europeo y poco latinoamericano, y que nuestros problemas son muy distintos a los del viejo continente. Es cierto. Pero también es verdad que hasta aquí he estado hablando de ideario y no de copia, porque en el camino de las reformas siempre hay una dosis de invención, o la idea -parafraseando a Marx- que la historia la hacen los pueblos, pero los pueblos no siempre saben la historia que están haciendo. Lo que esto quiere decir, es que el ideario no inhibe la capacidad de invención, simplemente la organiza y la circunscribe, y lo que sucede con un ideario como éste es que también circula en el mundo global de las ideas, de las que no necesariamente tenemos que escapar, pero a lo menos sí leerlas para inventar nuestra propia vía al bienestar.
¿Significa esto, pregunto, que la vía al bienestar es de naturaleza socialista? Mi posición a priori es no, no a lo menos en el sentido tradicional del término, porque habitamos mundos capitalistas fundados en la lógica de la propiedad privada y en nuevas formas de acumulación del capital. Pero la respuesta pasa a ser afirmativa si en el tránsito por esta vía lo que se conquista son formas cooperativas del trabajo y de la existencia colectiva. El problema es, y nuestra tragedia es, que aún estamos muy lejos de la cooperación como principio central de la política socialista, porque el neoliberalismo -muy distinto al liberalismo político y social de un Rawls por ejemplo- está muy lejos de haber cedido, contrariando lo que suele escucharse en los foros sociales europeos, a los cuales yo mismo he asistido en más de una oportunidad en Europa.
Esto me permite entonces concluir que las luchas de la izquierda son, siguen siendo y seguirán siendo luchas por la hegemonía sobre la vida buena, sobre lo que es justo y lo que es injusto, y no sobre lo correcto y lo incorrecto que tantas veces aflora del lenguaje tecnocrático. En estas luchas, la izquierda socialista debe aprender a identificar nuevas fuentes y nuevos idearios, debe aprender a dialogar seriamente con el mundo comunitarista, con el mundo liberal, con el mundo ambientalista y con el mundo feminista, a partir de lo cual lo que se dibuja es un horizonte difícil, complejo, del cual sabemos poco, aunque sabremos más cuando hayamos materializado nuevamente nuestras propias invenciones.
Antonio Cortés
Quiero partir por agradecer la invitación a este evento, no sólo por el seminario mismo, sino porque se trata de conmemorar a don Clodomiro Almeyda.
Necesariamente debo iniciar mi exposición con una suerte de aclaración y que además debería servir, quizás, como excusa. Me temo que no voy a cubrir, por lo menos, adecuadamente, las expectativas que establece el título de este seminario. “Vigencia y futuro de la izquierda de América Latina”.
Y digo que probablemente mi ponencia no satisfaga porque no creo que exista, y ya se ha dicho aquí, una izquierda latinoamericana. Pero tampoco creo, no estoy convencido de que existan dos o tres izquierdas latinoamericanas aglutinables e identificables como cuerpos más o menos homogéneos. Al no compartir estas ideas, al no compartir la idea de la existencia de una o de varias izquierdas latinoamericanas que merezcan tal título, naturalmente se me escapa el objeto de estudio del seminario, pero además no me siento cómodo con el concepto de vigencia, y por lo tanto necesito explicarlo para poder acomodarlo a la exposición.
Entro a explicar estas dos argumentaciones iniciales, no izquierda y por qué la dificultad con la vigencia.
Giovanni Sartori, a propósito de los grandes cambios ocurridos en las últimas décadas escribió que, cito: “vivimos una época de democracia confusa”, aludiendo a democracia no sólo a la práctica de la democracia, sino también al ideario democrático. Yo me atrevería a agregar que no sólo es confusa la democracia, sino que hay una serie de categorías y prácticas confusas en los tiempos modernos y dentro de esas categorías confusas, está precisamente la categoría de izquierda, de centro, de conservador, de progresista, etc., son categorías que no dicen mucho, así como así, hoy.
Lo que hoy llamamos izquierda, y sobre todo en América Latina, abarca un universo extremadamente amplio, que no sólo tiene diferencias entre muchos de los partidos o movimientos que la componen, sino incluso antagonismos entre ellos mismos, preguntémosle al Partido Socialista por ejemplo.
En definitiva, lo indefinido que tiene hoy la condición de izquierda, es lo que, por lo menos a mí, no me permite hablar de una izquierda en América Latina y no sé si podría hablar de una izquierda en Chile en términos rigurosos.
La segunda precisión alude a la cuestión de la vigencia. En absoluto soy de los que creen que se terminó la historia, las ideologías, los mega relatos, etc.
Desde Marx sabemos que mientras perviva un mundo de necesidades, opuesto al mundo de las libertades que soñaba Marx, las sociedades son inevitablemente conflictivas. Y esas conflictividades se expresan ante que todo entre conformes e inconformes, satisfechos y no satisfechos, entre integrados y marginales, etc. Los universos sociales y las culturas que representan el inconformismo y aspiran al cambio son izquierda. Desde ese punto de vista, desde el punto de vista sociológico, desde el punto de vista cultural, desde el punto de vista cotidiano preguntarse por la vigencia de las izquierdas, en mi opinión, no tiene sentido, porque existen, son intrínsecas a sociedades conflictivas, son intrínsecas a las sociedades de necesidades.
Aquí un tercer problema, creo que la pregunta pertinente, y que no nos hacemos hace mucho tiempo, es referirse a la vigencia de una izquierda revolucionaria hoy, que no es lo mismo que preguntarse por la vigencia de una izquierda en abstracto, de un movimiento popular, de políticas progresistas.
Lo que nos debemos preguntar, como fuerza política, es cuál es la viabilidad, cuál es la vigencia que puede tener hoy una izquierda revolucionaria. Revolucionaria en el sentido amplio del concepto, por favor, de revolución y no restringido al acto revolucionario ni al viejo concepto de revolución, sino que revolucionaria en el sentido de que no adhiere a lo sistémico y que postula una transformación radical o significativa de la sociedad, más allá de las formas que esa transformación adquiera.
Y a partir de esta pregunta, me hago la última interrogación y es también sobre vigencia ¿está vigente hoy la existencia de una izquierda revolucionaria y, a su vez, moderna?
Qué quiero decir con esto, con moderno, primero que la izquierda no se restringe a recoger lo premoderno o los rezagos de lo moderno para sostener un cambio social en contra de la modernidad.
Segundo que la izquierda lee la modernidad como una etapa y un proceso que encierra contradicciones y que pueden contribuir a la transformación revolucionaria.
Y tercero que el proyecto de cambio de esa izquierda moderna, es modernizador, tiende a resolver los conflictos propios y derivados de la modernidad para impulsar un estadio superior de modernidad.
Planteadas estas aclaraciones sintetizaría dos conclusiones: una es que la vigencia de la izquierda hoy y en su futuro, depende de su desarrollo y actualización como izquierda revolucionaria moderna. Y la segunda conclusión es que tal nuevo tipo de izquierda no existe o existe en estado embrionario y por consiguiente el izquierdismo realmente existente debe asumir un proceso que se reconstruya en esa dimensión, para tener precisamente vigencia como fuerza política futura.
Sé que todo lo dicho hasta aquí puede parecer muy abstracto, tal vez pesimista y además convocante de mucha pega. En eso podría haber algo de razón, pero habría que tener en cuenta dos cosas: una, es que los procesos políticos y sociales adquieren ritmos insospechados. No se trata que debamos esperar hasta la eternidad para resolver todos los problemas de la izquierda. Los procesos políticos sociales irán resolviendo esos problemas. Pero lo que debe constatarse es que todavía no están resueltos.
Y el otro considerando es que debemos abandonar la visión de que la crisis que ha sufrido la izquierda durante muchos años, era una cuestión transitoria. Lo que se ha vivido en los últimos treinta años no es un paréntesis. Es una gigantesca revolución mundial. Y frente a los cambios que esa revolución produjo y produce, la izquierda debe refundarse y reconcursar como fuerza que aspira a la conducción de las sociedades.
Creo que la gran tragedia que enfrentamos las izquierdas es que cuando tienen sesgos revolucionarios no son modernas y cuando son modernas no tienen sesgos revolucionarios.
Germán Correa
Como pueden ver cada una de las intervenciones con su sello muy particular desde distintos posicionamientos, Nicolás me ayudó aquí diciendo está difícil, la cosa, sí, exactamente. Pero yo diría que todo ello apunta de distintos ángulos al problema y drama que tenemos como izquierda hoy, todas son visiones muy iluminadoras de distintas perspectivas que nos debieran llevar a avanzar en una reflexión más sistemática y profunda, pero el rasgo de todas ellas sin embargo es que nadie ha dicho que no hay izquierda ni se necesita, incluso se ha aludido a que hay muchas izquierdas, hay heterogeneidades, hay, no podría decir de otra manera, un cierto historicismo en estas izquierdas, sujeto, naturalmente hoy día, a un historicismo que no comprendemos, que nos sobrepasa en buena medida, cuyos significados hay que develar y varias de las intervenciones han apuntado a ciertas claves que nos permitirían develar precisamente las heterogeneidades que presenta el panorama mundial social, económico, político, cultural para una definición desde la perspectivas de las izquierdas.
Esperanzadora la visión de Antonio cuando nos dice que el tema de la vigencia de la izquierda, no es una categoría exógena al fenómeno mismo, sino que es intrínseco a él en la medida que los sistemas, si bien lo entendí, por su naturaleza tienen conflictos y contradicciones internas que se renuevan históricamente y un poco la clave es descubrir las bases en los sustentos de esa historicidad para de ahí sacar las claves de la propuesta programática, por así decir, que una izquierda redefinida en función de su historicidad, debiera darse para los tiempos que le toca vivir.
En fin, no voy a intentar hacer una síntesis de perspectivas tan distintas, pero sin duda alguna creo que mueven a mucha reflexión y para mí han sido interesantes intervenciones las que hemos escuchado.
Vamos a pasar a la segunda ronda en que los panelistas están autorizados a comentarse entre sí o a tomar algún aspecto que no tomaron en su presentación anterior, para después dar paso a las preguntas.
Jorge Arrate
Quiero decir que me han interesado mucho las tres exposiciones y porque han tenido una dimensión teórica en el caso de los tres, tenemos dos grandes cientistas políticos aquí, y tenemos a un economista que ha hecho una incursión muy interesante en el tema de la democracia y de la igualdad.
Casi coloquialmente en 3 minutos algunas cosas que me han llamado más la atención para comentar, primero quiero decir que yo comparto bastante la visión de Antonio Cortés y también la de Alfredo, todos hemos dicho que no hay una izquierda, la pregunta que hago es cuándo la hubo, si alguien en esta sala sabe de algún momento en la historia de la izquierda en el mundo y en la historia de la izquierda en Chile en que hubo una sola. Aquí hubo una izquierda que logró un alto grado de unidad, pero ni siquiera ese alto grado de unidad fue total, y fue una coalición de izquierda en que había puntos de vista que eran distintos, me refiero a todo el proceso que se inicia con la fundación del Frente de Acción Popular el año 57 y culmina cuando se termina la Unidad Popular ya en plena dictadura.
Entonces nunca ha habido una izquierda, no hagamos hoy exigencias para hablar de izquierda en América Latina ni exijamos que sea una sola, porque no ha habido nunca una sola en América Latina ni en Chile ni en ninguna parte. Lo mismo que aquí se ha dicho de la izquierda podría decirse de la derecha, y lo comparto, por eso que señalé que me inclinaba por no entrar a esta polémica, que quien la planteó en realidad fue Jorge Castañeda en un artículo de Foreign Affairs que motivó a toda la academia americana a un gran debate del giro a la izquierda y estas dos izquierdas que se sacaban los ojos entre sí, de acuerdo a lo que era el planteamiento de Castañeda, no lo comparto porque mi formación es la formación en la idea de las democracias nacionales porque viví la experiencia chilena con un Allende que defendía, bien o mal, la singularidad chilena, mientras en el resto de América Latina estábamos llenos de guerrillas y de revoluciones, pero las guerrillas eran distintas, unas eran el foco, otras rurales, otras urbanas, otras maoístas.
Hay más presencia de izquierda en América Latina que la que había antes, porque nadie puede negar -más allá que le guste o no le guste algunas de las cosas que hace el gobierno del presidente Chávez- que el impacto que ha tenido en América Latina ha sido enorme. Ni nadie puede negar que el impacto de Evo Morales ha sido enorme en el resto de América Latina o de Lula en Brasil y así sucesivamente, fugaz o no fugaz, yo me asilo en lo que leí al comenzar mi intervención, de hace 50 años y parecía cuando uno leía los textos de Clodomiro, que la izquierda iba, claro, íbamos para adelante, además el mundo iba en aquel entonces en una dirección en que teníamos el viento golpeándonos en las espaldas, hoy día tenemos el viento en contra, la situación es mucho más difícil, no cabe ninguna duda.
Pero la existencia de una izquierda en América Latina y de un signo, un acento de izquierda en América Latina, por más que sean distintas las realidades nacionales, que efectivamente lo son, yo creo que es así, ¿izquierda revolucionaria? como dice Antonio.
Bueno, Eugenio González en el programa del 47 dice ser revolucionario por los fines y no por los medios que se emplean, sobre esa base yo he calificado siempre a Allende revolucionario, un revolucionario que creía en la democracia, que quería revolucionar el modo de vida, el modo de existencia, porque si no es así, estaríamos en una contradicción tremenda.
Nicolás ha dicho, acertadamente, tenemos que someternos a las urnas, efectivamente, si somos democráticos tenemos que someternos a los mecanismos democráticos, pero estamos renunciando a ser revolucionarios, yo creo que no, y es ahí donde Antonio toca un punto que me parece bastante clave, efectivamente estos procesos pueden ser fugaces, yo no lo compararía y ahí tengo un matiz con Alfredo, con la izquierda rosa en Europa, por algo se llamaba izquierda rosa, era porque la izquierda rosa europea fue desperfilar las posiciones de izquierda y le abrió camino a Sarkozy en Francia, a Berlusconi y yo no sé qué va a pasar en Inglaterra con Brown ahora, en fin. Todas esas variantes que son muy interesantes y creo que son reales de la socialdemocracia, sin embargo tienen distintas cuentas que dar.
Ahora, la izquierda en América Latina no se ha hecho rosa, sino que la izquierda en América Latina, por eso hay un giro a la izquierda, porque ha acentuado políticas que son más igualitarias, que son más nacionalistas en términos de la defensa de los recursos naturales, que son más antiimperialistas, para rescatar así como pueblo, aunque pueblo ya se rescató con las celebraciones del general del pueblo, yo creo que tuvimos bastante, pero rescatemos el antiimperialismo del que nos habla Clodomiro en su libro.
Nicolás Grau
Está difícil por distintas razones, una porque creo que son distintas y en alguna medida no se tocan algunas exposiciones y además está difícil para mí porque tengo muchas dudas respecto a todo lo que voy a decir ahora, pero lo voy a decir igual.
Primero diría que los conceptos tienen utilidad en la medida que demarcan cosas y mi impresión es que no hay que perder eso, por lo tanto el concepto de izquierda tiene que demarcar algo, puede haber heterogeneidad al interior de él, pero obviamente tiene que demarcar cosas.
Yo entre la definición que recién hacías tú, de inconformidad, creo que esa es una definición, pero también tiene que ver con justamente buscar las trabas que hacen que las personas tengan distintas opciones de vida, en el fondo en sus vidas que son únicas además, de la visión al menos laica de la izquierda. Creo, por tanto, que no todos los gobiernos son de izquierda porque aceptemos esta idea de diversidad, más allá que obviamente el hecho de ser de izquierda no es una categoría que te haga ser bueno o malo, depende del interlocutor que uno tenga.
Me imagino que aquí, como todos decimos que somos de izquierda, si acusamos que algún proceso no es de izquierda, eso es algo más o menos grave, pero no tiene por qué ser grave en la democracia, o sea, hay derecha, hay izquierda y uno debiera adscribir más o menos a su postura sin ningún temor a nada.
De las otras cosas que me gustaría puntualizar, hay un concepto que a mí me parece central del que la verdad tengo muy pocas respuestas, me gustaría hacer las transformaciones lo más rápido posible por esto, porque además las vidas son finitas y por tanto a la gente que le toca vivir en una situación desigual, le tocó eso para toda la vida y por tanto hay un apremio ético de hacer transformaciones lo más rápido posible.
Sin embargo hay un concepto clave que es el tema de hacer perdurables las transformaciones, creo que eso también es tan importante como lo otro, o sea, si uno apura una transformación la hace y diez años después se la dan vuelta totalmente, la verdad eso en términos prácticos y es lo que nos interesa a nosotros, que es cambiar y transformar la vida de las personas es tan malo como demorarse mucho si uno no logra hacer las transformaciones, entonces el concepto de hacer cambios que sean perdurables, yo tengo muy pocas respuestas al respecto y me parece una cuestión central. Pienso que obviamente el fortalecimiento de la democracia y la profundidad de ésta pueden ayudar a que esos cambios sean perdurables.
Tres cosas que me gustaría puntualizar respecto de la izquierda. Primero, creo que hay dos conceptos clave que son importantes y que también tienen que ver con esta idea de la perdurabilidad, uno, es que hay una voluntad de izquierda que significa aprovechar todas las posibilidades que da la historia para hacer las transformaciones que se puedan hacer, eso significa que a veces uno no provoca ciertos estadios a partir de los cuales se pueden hacer transformaciones y se desplazan escenarios pero los aprovecha, un ejemplo de esto es el tema educacional en Chile, 2006 gran posibilidad de hacer transformaciones en educación, no se aprovecha, a mi modo de ver ahí se demuestra desde este gobierno una falta de voluntad de izquierda, porque se genera un escenario positivo para hacer transformaciones y no se empuja y no se logra hacer.
Y hay un segundo punto que también es importante para la izquierda, tan importante como el otro, que es la capacidad de hacer los cambios, de generar efectivamente las fuerzas para hacer las transformaciones que se tienen que hacer. Yo estoy seguro que tal vez en términos personales uno puede asegurar muchas veces la voluntad y decir todas las veces que nosotros podamos van a tratar de hacer las transformaciones. Ahora, obviamente la capacidad es algo mucho más difícil de asegurar porque justamente, va más allá de la voluntad.
Un último punto que me gustaría tocar es que, más allá de las dudas que yo tengo por la posibilidad de hacer transformaciones radicales por el tema de la perdurabilidad, y las dudas que también tengo porque no sólo se requiere la voluntad, sino que también se requiere la capacidad de hacer las transformaciones, creo sin embargo que al menos en términos de lo que ofrecen las sociedades capitalistas, el horizonte socialista sigue siendo absolutamente válido, tal como decía al principio con el tema del azar, es totalmente impresentable que algunos trabajen para otros simplemente, porque algunos tuvieron suerte, eso no es un horizonte ético aceptable para la humanidad y nosotros, la gente de izquierda, debiéramos estar preocupados de fortalecer nuestra voluntad de hacer las transformaciones y aprovechar todos los escenarios para efectivamente realizarlas, por un lado, pero por otro lado deberíamos estar discutiendo, tal como decía en la presentación, cuáles son las nuevas formas de limitar las tremendas desigualdades que nos significa el capitalismo, cuáles son las nuevas formas de redistribuir la propiedad o de cuestionar en algunos de sus ámbitos o cuestionar radicalmente o proponer nuevas formas, esa debiera ser una discusión constante porque sin lugar a dudas, insisto, más allá de todas estas dudas que tengo iniciales, creo que en términos éticos el capitalismo es un sistema absolutamente inaceptable.
Alfredo Joignant
A mí me parece totalmente normal estar confusos en esta historia, porque si no estuviésemos confusos y alguien tuviese un dibujo un poco más claro de este asunto, bueno, el problema es que justamente no tenemos eso.
Sobre lo que dice Antonio Cortés acerca de esta idea de izquierda revolucionaria y moderna, creo que aquí hay un problema político e intelectual a la vez. Con esta idea de revolución, independientemente de las formas de cómo se materializa la ruptura, por vía violenta o por hegemonías culturales, creo que el gran problema con la idea revolucionaria es cómo provocar la ruptura, porque hay un momento de ruptura inevitable, pero sobre todo qué tipo de dibujo político y social se encuentra en el proyecto previo. Desafortunadamente, lo que yo constato en la literatura más intelectual de la izquierda hoy, no sólo en Chile, sino en todas partes, es que se abandonó ese momento imaginativo que buscaba describir relaciones sociales que aún no existen, que es lo que para mí constituye la grandeza de Marx, quien logró proporcionar un dibujo grueso, pero dibujo al fin, el que tuvo la enorme capacidad de hacer sentido colectivo.
Bueno, yo nada de eso veo hoy día y por eso es que a mí me cuesta pensar la revolución como ruptura en algún momento, lo que se asocia con otra dificultad: todo esto tiene que darse en el marco de modalidades de organización del poder político de corte democrático, eso es a la vez deseable e inevitable. La democracia tiene un componente inercial, tiende a preservar el orden establecido. La pregunta es cómo hacer coexistir y cómo sostener la reproducción inercial, que es propia de la democracia, con la radicalidad, lo que tampoco es evidente, sobre todo cuando se le lleva al espacio político. En el espacio social, por la vía de los movimientos sociales, eso es más entendible, pero hay momentos en esta tensión, que son momentos institucionales, que la resolverán de algún modo.
Yo rescato de Nicolás esta idea de las herencias, pero quiero decir que esto no es una idea nueva: esto es muy antiguo, y los que más lejos han llevado esta idea de reformar las herencias y literalmente poner un límite, son los liberales, por ejemplo Rawls en su Teoría de la justicia, quien se situaba en el lado socialdemócrata, dando muy buenas razones de por qué hay que ponerle coto a las herencias, debido a los fenómenos de reproducción de las jerarquías que eso involucra. Por lo tanto, también aquí tenemos que saber rescatar lo que otras corrientes del pensamiento han dicho en claves de izquierda, aunque desde el universo liberal que no ha sido históricamente el nuestro.
En tercer lugar, a mí me parece a estas alturas inevitable avanzar hacia fórmulas de izquierda mosaico, pero en el entendido de que todo lo que tiene que ver con el medioambientalismo, los verdes, los ecologistas, el feminismo, las minorías sexuales, las minorías étnicas no existía hasta hace sólo tres décadas para la izquierda. Hoy, la izquierda mosaico que reivindica a las minorías sexuales o las minorías étnicas debe hacerse cargo de que estos mundos vitales nunca fueron teorizados por nosotros, ni en el trabajo intelectual ni menos en la práctica política. El mundo hoy llamado gay, era estigmatizado por la izquierda durante la UP. Por lo tanto, no es llegar y decir, ya, reivindicamos el mundo gay, porque la pregunta es qué tiene de izquierda, por qué tendría que ser de izquierda el homosexual, puede ser perfectamente de derecha, de hecho muchos lo son, por lo tanto ahí también tenemos que hacernos la pregunta de qué nos aporta como proyecto político esta idea de mosaico.
Y finalmente, concluyo con un problema: la derecha puede ser una derecha popular y en Chile existe un proyecto de derecha popular, que es lo que explica mi insistencia en estas definiciones del pueblo. No es por hacer un coqueteo del lenguaje, sino porque definitivamente la UDI por ejemplo, tiene más peso popular que el Partido Socialista, y ahí hay un principio de construcción del pueblo, no nos gustará, da lo mismo, pero ahí hay un principio de construcción y un principio de conducción política que opera, que es eficaz, que produce efectos, y que se encontró en el origen del éxito del Partido Popular de España, desplazando a la izquierda en base a la penetración en las periferias de las grandes ciudades. No demos entonces por sentado que los pobres necesariamente siempre van a votar por nosotros, ya que puede ocurrir perfectamente el fenómeno al revés, y puede perfectamente suceder que la izquierda se transforme en una izquierda de clase media y la derecha se transforme en una derecha popular, lo que sería un verdadero atentado sociológico.
Antonio Cortés Terzi
Voy a usar una frase de Isaac Deutscher: “Excúsenme pero no puedo dejar de pensar como marxista”. Entonces mis puntos de referencia en realidad están por ese lado, y por eso es que a veces hablamos distinto o no se entiende.
Primero, no confundamos gobiernos populares con izquierdas. Los primeros pueden ser fenómenos político-electorales, movimientos, etc., pero no es lo mismo que izquierda. Como marxista uno supone que izquierda es algo mucho más histórico, supone referentes, supone idearios, supone una lógica de pensar, supone determinadas cosmovisiones para ver las cosas, supone la búsqueda de actores sociales para impulsar cambios, etc. En este sentido quisiera recalcar sobre un punto: tengo la leve sospecha que estos virajes que hemos tenido, que son bastante significativos, se están manifestando en la transformación de la izquierda desde una teoría social hacia una filantropía social. De ahí entonces que producto de esta conversión filantrópica se sublime la preocupación por los pobres, los homosexuales, los indígenas y otras marginalidades parecidas y que no se condicen con una concepción objetiva y revolucionaria del cambio.
Marx no estaba preocupado de los pobres, el marxismo no es una teoría de los pobres. Marx estaba preocupado de la gran transformación revolucionaria que ofrecía el capitalismo para hacer una sociedad mucho más avanzada y si los proletarios tenían importancia, era porque constituían la clase social que en virtud de su papel en la cadena productiva podía hacer la transformación revolucionaria. Es decir el proletariado para Marx era la potencia revolucionaria no por ser pobre, sino porque, como clase y objetivadamente reunía las condiciones para devenir en clase dirigente.
A Marx nunca le cayeron muy bien los campesinos por ejemplo, y esos pobres que hoy día nosotros les llamamos marginales, él los llamaba lumpen proletariado.
Entonces no confundamos, hay cosas que son programáticas, hay cosas que son de la política práctica y otras cosas son las del pensamiento de la izquierda. Lo que reclamo es que es posible reconstruir una izquierda reconstruyendo los referentes elementales de una izquierda, que es un ideario, que es una voluntad de cambio, que es la búsqueda de actores estructurales de cambio, no actores electorales de cambio, y que a partir de esos elementos se pueda reconstruir un proyecto de sociedad moderna.
Y quiero insistir sobre el tema de lo moderno, compañeros, porque piensen ustedes cuándo la izquierda, cuándo el socialismo venció a un país capitalista en serio, cuándo. Todas las revoluciones socialistas se hicieron en naciones atrasadas, todas, al capitalismo no le hicimos ni mella, entonces si vamos a seguir con esa historia es porque precisamente no nos hacemos cargo de la capacidad modernizadora que tiene el capitalismo, y si nosotros seguimos viendo la modernidad como una cuestión adversa, nunca jamás vamos a descubrir las contradicciones que la modernidad nos representa, precisamente para poder competir con el capitalismo por la conducción de la sociedad.
Germán Correa
Es interesante cómo desde las perspectivas, evidentemente distintas, de nuestros panelistas, de pronto hay ciertas coincidencias, déjenme decirles que no puedo dejarme de emocionar cuando dos términos que tanto tiempo que uno no escucha, como capitalismo, pueblo y además revolución, mencionar a Marx y que no se caiga todo y antiimperialismo, me voy un poco estremecido.
Encuentro que son perspectivas muy interesantes Alfredo señalaba un tema muy importante del punto de vista de plantearse una perspectiva revolucionaria, es el hecho de saber hacia dónde va la revolución, cuál es ese planteamiento de futuro, la sociedad que se ofrece a la cual uno transita, hacia la cual produce los quiebres sistémicos que debe producir, para lo cual se necesita, entre otras cosas, lo que señalaba muy claramente Nicolás, los dos elementos claves, la voluntad y e la capacidad, junto con la definición que el mismo Antonio hacía respecto de cómo entiende lo de revolución y lo de moderno.
Comparto plenamente ese sentido que lo moderno no es contradictorio con ser de izquierda, el tema es que a la modernidad se le ha dado un sentido capitalista habitualmente y porque de alguna manera se olvida que Marx en algún momento lo dijo, precisamente en El Manifiesto Comunista, cuando señaló en una frase que el potencial tremendamente revolucionario del capitalismo, es decir, la capacidad de las fuerzas productivas, todo el tema de la tecnología y de los avances de la ciencia y la tecnología ya fueron planteados inclusive en aquel momento como un inmenso potencial de cambio y de modernización, de tal manera que tal vez en eso nosotros no hemos descubierto claves, como nos hemos ido quedando atrás de los grandes cambios culturales que se están produciendo en nuestra propia sociedad.
De alguna manera nosotros somos víctimas de esos cambios que se están produciendo, en parte por los grandes fenómenos de la globalización y la revolución científico tecnológica, pero también de nuestros propios cambios, los que nosotros mismos hemos propulsado e impulsado, pese a estos retrocesos, que señalaba Jorge, que se han producido por ejemplo en relación a la pobreza, cuando se producen estos fenómenos a nivel mundial del precio de los alimentos y todo eso.
Vaticinado, por lo demás, cuando ahora los grandes centros capitalistas empiezan a buscar nuevos patrones energéticos, pasar de los no renovables a los renovables y dentro de los renovables están precisamente alimentos que se transforman en combustible, Fidel lo advirtió dice, claro, la energía renovable a partir de la producción vegetal, pero ojo, eso va a traer elevación de los precios de los alimentos y grandes falencias y carestías para los más pobres, una vez más, los que van a pagar el fardo de la recomposición del patrón energético capitalista, una vez más los de siempre.
Hay temas realmente muy atractivos, muy interesantes y creo que la tarea que nos va señalando no es que no exista -como en algunas otras ocasiones, en algunos otros foros lo conversamos-, por así decir, materia prima desde el punto de vista de alguna expresión de cambio del sistema, llamémoslo así, el ser de izquierda por lo menos, admitiendo que hay muchas variantes de izquierda, tantas como realidades diferentes hay y en las cuales tiene que expresarse esa izquierda, por lo tanto, aquí de lo que se trata es de encontrar, de entender primero los fenómenos de la historia que nos está tocando vivir y cómo de allí vamos deduciendo las claves de cómo posicionarse entonces una perspectiva de cambio profundo, modernizar, revolucionario en una perspectiva de izquierda.
Preguntas
Germán Correa: Ricardo plantea el tema de los partidos que vehiculan precisamente estas distintas propuestas frente a la sociedad, su situación actual y de qué manera nuestros panelistas ven aquel elemento, son los instrumentos finalmente que vehiculan todas estas propuestas.
- Soy economista entonces a lo mejor tengo ese sesgo, quería preguntarles por qué en un país como Chile que tiene una de las peores distribuciones del ingreso de toda América Latina, el continente que a su vez tiene la peor distribución de ingresos del mundo, así sea explicable por su estructura minera y por una serie de características económicas que son discutibles, lo que quería era avanzar en el sentido que con un Estado democrático que ha perdurado por 18 años y que ha demostrado que es inoperante para cambiar esta situación de distribución del ingreso y ante la cual el Estado aparece, por lo menos, como una institución débil y sin capacidad de cambio porque eso se puede probar numéricamente con las mismas cifras de la encuesta CASEN, que hay una distribución de ingreso persistentemente concentradora y que provoca que sea una de las peores de toda América Latina.
Me pregunto por qué los partidos y los grupos llamados de izquierda, siguen desgarrándose por posicionarse en ese Estado que ha demostrado que no puede hacer nada por cambiar una situación que es la base de lo que se supone es un Estado democrático, y, en su lugar, por qué no se vuelcan realmente a propuestas y a programas de empoderamiento de los más pobres para poder cerrar precisamente las brechas con los sectores más castigados por esta peor distribución del ingreso, y sin embargo persisten por un Estado que ha demostrado ser ineficaz y no solamente eso, sino que además que es garante de una Constitución que perpetua esa acumulación económica y esa estratificación social.
En ese sentido yo digo, cómo es que no se rescatan los temas de educación, los temas de salud, los temas de derechos económico-sociales y culturales que pertenecen a los temas del capital humano, es dice, dónde quedan éstos, esta es una pregunta.
La segunda pregunta, cómo piensan ustedes que puede producirse un quiebre de la conciencia y un quiebre ideológico sin provocar precisamente un quiebre de las instituciones que son garantes de un orden económico y social como este.
- Por qué la falacia de ver, entre los políticos chilenos, sólo en la democracia electoralista un camino para las transformaciones, si las otras izquierdas dialogan y problematizan desde el pueblo y sus actores en qué forma se democratiza el poder.
- Qué elementos poseen las otras izquierdas de los países vecinos que han permitido transformaciones profundas que van en la lógica de rechazar el modelo neoliberal que aún la izquierda institucionalista chilena sigue validando y administrando para lograr un bienestar, entre comillas.
Respuestas
Nicolás Grau
Respecto a los partidos políticos, creo que hay dos cosas que son relevantes, una, la importancia de la política, antes que de los partidos políticos incluso, que tiene que ver que la política es el espacio en que discutimos de manera colectiva, el único espacio para avanzar hacia sociedades solidarias y más igualitarias es la política porque es un espacio común donde no cada uno se las arregla como puede, sino que discutimos cómo ordenarnos en general. Mi impresión es que para hacer y producir cambios profundos en la sociedad primero hay que fortalecer la política en los países como el espacio de discusión común, y en particular en esos lugares, también creo que son relevantes los partidos políticos, no he militado en partidos políticos, pero creo que es clave para el desarrollo de partidos políticos de izquierda que avancen en dos aspectos, en la voluntad de hacer transformaciones y que generen capacidad, por eso decía anteriormente que a la Concertación no sólo se le tiene que evaluar porque no ha cambiado la distribución del ingreso en los últimos 20 años, sino que el no cambiar la distribución del ingreso, hace que nosotros nos podamos plantear los próximos 20 años de manera mucho más pobre en las demandas que podemos hacer, porque sectores tienen concentrado el dinero y eso hace más difícil producir las transformaciones porque nos pueden chantajear, y cuando nosotros proponemos cambios grandes, aunque convenzamos a todo el país, vamos a tener un sector de la sociedad que es capaz, con su 10, 20%, de frenar ese cambio y eso en el escenario positivo de que efectivamente lográramos convencer a un grupo mayoritario, que tal como decía Alfredo, eso no es tal, en Chile está más o menos 50 y 50, eso es respecto a la primera pregunta.
Respecto de los otros países y por qué Chile no sigue a los otros países, yo por eso no hice una exposición centrada en lo que está pasando en los otros países, porque desconozco mucho lo que está sucediendo, de todo lo que existe en América del Sur por lo menos, al proceso que le tengo más simpatía es al de Bolivia, siento que ahí hay mucha novedad, creo que es un proceso genuino además de que un sector que siempre ha sido el reprimido que es como el 80, 90% del país, que alguna vez gobierne me parece bastante interesante, creo que además se han hecho hartas cosas acertadas, por eso hablaba del ejemplo.
En los otros países yo creo que el concepto clave es que hay que esperar, o sea, tengo toda la solidaridad con esos países, ojalá lo puedan hacer lo mejor posible, pero tengo muchas dudas respecto de cuán perdurable son esas transformaciones. Y de ahí el punto que decía antes, lo importante que las transformaciones sean perdurables, que tengan apoyo por ejemplo de partidos de largo aliento también, creo que ese es un aspecto relevante.
Respecto del tema de la democracia, no lo señalé en la exposición, pero obviamente traté de reflejar que la democracia no es un aspecto, no es un asunto binario, de que un país tiene o no tiene, obviamente hay democracias más o menos profundas y a mí por lo menos el concepto que me acomoda es la idea de una democracia participativa donde no sólo uno vota por ciertos poderes, sino que además son fuertes los sindicatos, son fuertes los organismos sociales y efectivamente las personas en su vida concreta son capaces de incidir en las decisiones menores que ellas tienen en la vida cotidiana.
Creo que en Chile lamentablemente se ha instalado una idea tremendamente nociva impulsada por muchos sectores también de la Concertación, en términos al menos teóricos, que es la idea que la única forma democrática es la democracia representativa donde los sectores sociales aparecen como grupos de captura del Estado, lo que desconoce que obviamente uno tiene disputas políticas y que a pesar que el Estado y el Parlamento pueden velar efectivamente por todos los chilenos, lo hacen desde una perspectiva política y los sectores sociales pueden proponer otra perspectiva política y que también tenga vocación de totalidad.
A modo de experiencia puedo decir que nosotros cada vez que hacíamos una manifestación desde las universidades, se nos decía siempre que estábamos preocupados sólo de las universidades y el Estado como estaba preocupado de todo el país, nos acusaba siempre de poco solidarios, a pesar que en términos generales promueven un sistema que es poco solidario.
Entonces creo que se le ha hecho un flaco favor a la profundización de la democracia con el hecho de sólo favorecer la democracia representativa, sin embargo con eso no quiero desvalorar que las personas puedan votar para elegir a sus representantes, cuando decía que Chile tiene apenas 30, 40 años de eso, no hay que desvalorarlo y creo que la izquierda cometió un error en cuestionar la democracia en términos teóricos en su historia.
Alfredo Joignant
Voy a introducir una dosis de pesimismo, si es que faltaba un poco de dosis. En materia de distribución del ingreso, no soy economista pero sí leo, y leo distintas corrientes, esto es medio latero pero la famosa distribución del ingreso en Chile se mide a través de un coeficiente que es un índice compuesto, el famoso Gini -Nicolás nos podría explicar más-, por primera vez se movió a la baja el año pasado, no sabemos si eso marca tendencia duradera, en cualquier caso, hasta donde yo logro entender este asunto, es que mover el Gini y redistribuir el ingreso de modo duradero vía reformas tributarias, es necesariamente aceptar la idea que antes de 20 años no lo vamos a mover de modo sustancial, eso hace que una generación esté perdida de ahora en adelante, suponiendo que ahora se aplican ciertas medidas, eso obviamente es tremendamente doloroso decirlo, y les garantizo que no lo va a decir nadie, este es un asunto súper delicado porque además existe mucha evidencia por parte de historiadores y de economistas, Javier Núñez, que explican que buena parte de la desigualdad de los ingresos en Chile está fundada sobre elementos intangibles, que tienen que ver, por ejemplo, con el peso de los apellidos vinosos, las herencias de las redes sociales, es decir, una sociedad completamente jerarquizada que tampoco se remueve por la vía de las reformas tributarias, por lo tanto estamos en un problema que tiene difícil solución.
Ahora, en cuanto a la democracia participativa, a mí también me gusta evidentemente desde el punto de vista práctico, si es que la práctica me dijera que hay resultados auspiciosos, y ocurre que no los hay, o tengo un agrado conceptual por el problema, para darles un ejemplo, se habla mucho- retóricamente naturalmente, porque es una reforma que con el Parlamento que tenemos jamás va a pasar- de la iniciativa popular de ley, vale decir, ciudadanos organizados provocan o gatillan la formación de la ley, la formación, no la materializan, la gatillan, les quiero decir que el país campeón mundial de la iniciativa popular de ley, Suiza, en el mejor de los casos y en el mejor de los años, sobre el total anual de las leyes votadas, el 3% es de iniciativa popular.
Les podría dar un largo cuento además con los presupuestos participativos brasileños, en donde hay ya mucha evidencia que muestra cuán eficaz han sido, desgraciadamente el balance no es tan auspicioso como uno quisiese que fuese, porque habría el supuesto que los ciudadanos serían ciudadanos virtuosos, interesados netamente por lo público, la virtud en Maquiavello, es decir un volcamiento sobre lo público en desmedro de la esfera privada, eso desgraciadamente no existe. Me parece que hay que sostener la democracia participativa como ideario, hay que implementar las reformas necesarias, pero no alberguemos y no generemos falsas expectativas porque no se van a cumplir, ni siquiera en países mucho más desarrollados que los nuestros se han cumplido.
Jorge Arrate
Gramsci pues, como Antonio y todos los que estamos aquí hemos tenido una aproximación en algunas etapas de nuestras existencias, pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad, dicen que es la frase de Roman Roland, pero está bien, el problema que tenemos es que el pesimismo de la inteligencia es un método, pero el optimismo de la voluntad es algo que no tiene que ver con las ciencias sociales, tiene que ver con la creencia en cosas que uno cree, y eso creo que aquí lo hemos perdido.
Pero antes de pasar a los temas chilenos, porque creo que los preguntas chilenizaron el debate, a mí me da la impresión que los chilenos tenemos una dificultad para referirnos a los otros en América Latina, se han hecho dos menciones a Venezuela y no nos hemos metido en el tema, tres a Bolivia, una a Uruguay, una a Argentina, pero no le hemos entrado al tema, había una frase, discúlpenme, pero realmente leer 50 años después a Almeyda con quien yo peleé mucho por otras cosas, pero tiene cosas que son impresionantes, por ejemplo escuchen esta frase, “nos estamos intoxicando de cosas, anécdotas y preocupaciones pequeñas, nos olvidamos de que somos poco o nada en el mundo y a pesar de eso opinamos y juzgamos la conducta de las grandes potencias con una suficiencia cuyo carácter grotesco no alcanzamos a percibir, pese a nuestro hipertrofiado sentido del ridículo. El camino hacia la complementación económica y el acuerdo político latinoamericano es, por así decirlo, el cordón umbilical que nos une al mundo del futuro y que nos permitirá mañana no sólo opinar, sino también actuar, pesar, influir”.
Una palabra sobre el tema de América Latina, una de las preguntas tenía que ver con por qué no pasa lo mismo que aquí, siempre la referencia somos nosotros, tendremos razón de estar preocupados. En Argentina hubo dos revoluciones sociales en el siglo XX, una fue la inmigración, en un momento a fines del siglo IXX la población de Buenos Aires era mayoritariamente inmigrantes y fue una revolución cultural muy grande en el país.
Y segundo el peronismo, nos guste o no nos guste, ustedes vieron todo lo que decía Clodomiro, reconociendo el fenómeno, intentando interpretar el fenómeno que nos ha costado tanto a los chilenos, pero señalando también sus limitaciones, pero ese peronismo sobrevive hasta hoy, claro que no es lo mismo, Menem que Perón, pero tenía un lado de Perón. Perón era todo en realidad, era lo que se llama un recoge todo, un atrapa todo, el peronismo es un movimiento y ese movimiento a través de dictaduras, de represiones muy fuertes a sus sectores de izquierda, tan brutales como las que hubo en Chile, ha logrado conservar una presencia de masas enorme, clientelas, corrupta a veces, pero ha permitido la existencia de un movimiento popular que es muy fuerte y sigue siendo fuerte.
Bolivia, si Bolivia es la revolución del 53, es Paz Estensoro con el MNR, la nacionalización del estaño, después la traición de Siles –así la llama Clodomiro en sus artículos-, después en Bolivia viene Torres en los 70, que termina exiliándose en Chile y después en Argentina donde es asesinado en la época de la Unidad Popular. Y el movimiento indígena tiene una historia de lucha tremenda, como hay pocas historias de luchas populares en América Latina.
Yo creo que nosotros tenemos también una gran historia de lucha, pero se dio una conjunción de factores de un país oligárquico que nació tempranamente como Estado manejado de manera inteligente por la derecha durante todo el siglo IXX, y el único momento de 400 años de historia en que hemos logrado en serio hacer signos de que el poder, el sello del poder está cambiando, fue en la Unidad Popular con el gobierno del Presidente Allende, en 400 años de historia, el único intento serio de dar vuelta la tortilla, que duró 3 años y después vino lo que ustedes saben, la dictadura y la postdictadura.
Y para no eludir Chile, creo que la baja del coeficiente Gini un pelo no tiene ni un significado, no significa nada, la distribución del ingreso se mide de distintas maneras, yo soy economista, medio en desuso, pero estos temas los sigo, primero hay tres conceptos distintos, uno es la distribución del ingreso que es qué porcentaje se lleva cada segmento de la población desde los más ricos hasta los más pobres, o el capital versus el trabajo, ingresos del capital e ingresos del trabajo, allí la posición de Chile en términos de deciles y quintiles está entre los doce países más desiguales del Mundo.
Segunda mirada, la distancia económica, el compañero Humberto Vega, Decano de Economía de la Universidad Central, ha escrito un libro que se llama En vez de la injusticia, y es la primera vez que alguien se mete a fondo en Chile en el tema de la distancia económica de la que todos se hacen los lesos, la distancia económica son las magnitudes absolutas, porque los porcentajes engañan, cuando alguien ganaba 100 y se ha duplicado el ingreso y se mantiene constante la distribución del ingreso, es simplemente un problema aritmético, matemático, quiere decir que los ingresos extras se han distribuido en proporción a lo que cada uno ganaba, entonces el que ganaba 100 gana 200, el que ganaba 1 millón, gana 2 millones, el que ganaba 10 millones gana 20 millones, ustedes se dan cuenta que las diferencias absolutas se han ensanchado, entonces cuando algunos de nosotros decimos, en Chile las diferencias se han ensanchado, nos estamos refiriendo a la distancia económica y del punto de vista sociológico, ese es un fenómeno ineludible, aquí se habla de delincuencia y nunca nadie habla de la distancia económica que se va ensanchando y ensanchando, no sólo entre los más ricos y los más pobres, también dentro de las clases medias y de las clases medias con los más pobres.
Y el tercer concepto, uno es la distribución del ingreso, otro es la distancia y otro es la pobreza. En la pobreza, ya les digo, son tan frágiles los avances que hemos logrado -esos son los que no le gustan a Alfredo porque no son permanentes- basta que suba un 30% los precios de los alimentos para que todo el milagro de Chile que ha disminuido espectacularmente la pobreza, no sea tal. Eso sobre distribución.
Y lo último, el quiebre, movimientos, partidos, los partidos pasan en Chile por un muy mal momento y en el mundo, pero en América Latina el MAS de Evo Morales acaba de sacar 67% de los votos en el plebiscito, en Venezuela Chávez ha generado un partido de no sé cuántos millones de militantes, me parece raro, pero son 5 millones de militantes y en Uruguay, el Partido Socialista uruguayo, el Partido Comunista uruguayo están de buena salud, funcionan, tienen núcleos, los días sábados todos los ministros van a las reuniones de su barrio en Uruguay, en Argentina el peronismo es un tremendo movimiento atrapa todo, donde el gobierno está a la izquierda y se ha enfrentado con los agricultores que han tenido el apoyo del peronismo de derecha.
Entonces en Chile, claro, los partidos se han fragmentado, son archipiélagos, son federaciones, hay algunos que son federaciones, no son partidos, y pobre de los que no pertenecen a uno de los componentes de la federación, porque están completamente desprotegidos, no tienen quién los salve de lo que se les viene encima, eso es así. Pero los movimientos están adquiriendo -después del apaciguamiento de los 18 años de postdictadura- nueva energía, yo creo que el movimiento sindical está tomando nuevos bríos y que el movimiento estudiantil ha sido impresionante en los últimos 2 ó 3 años, aunque es irrepetible lo que ocurrió con los pingüinos, pienso yo, y así sucesivamente, creo que los movimientos están recuperando un escenario y que hay que sumar fuerzas de partidos y de movimientos, hay que copar y luchar todos los espacios, incluso el del Estado, por cierto el de la sociedad y hay que resolver un problema que es muy serio, porque Alfredo ha dicho una frase que yo comparto cien por ciento, sobre la ley de reforma, que no es la más importante de todas las leyes que hemos mandado al Congreso, la de iniciativa popular de ley, ha dicho la frase, con el Parlamento que tenemos jamás va a pasar, yo la comparto, mi pregunta es qué hacemos, porque con el Parlamento que tenemos jamás va a pasar, jamás va a pasar la reforma al binominal, jamás va a pasar una reforma constitucional, este traje de payado parchado que tenemos, la Constitución de Pinochet.
Nosotros hicimos, con dos distinguidos economistas, yo me siento orgulloso de haber firmado esos documentos, que no los hice yo, aquí está Alexis Guardia que era presiente de la Comisión Económica del Partido Socialista y Roberto Pizarro que fue ministro de Planificación, hay dos documentos sobre las desigualdades con propuestas de ley y con financiamiento para enfrentarlas, uno se llama así Enfrentar las desigualdades, es del año 2000, antes que asumiera el actual gobierno, y el segundo se llama La Disyuntiva que es de hace dos años, pero bueno, tenemos una posición minoritaria en esta materia, pero nos preocupa qué vamos a hacer, porque si ninguna ley va a pasar qué hacemos.
Entonces yo creo que hay que pensar cómo hacemos para cambiar las mayorías en el Parlamento para terminar con la democracia incompleta o semidemocracia que hay en Chile, para poner en práctica documento serios, razonables que no significan descojonar la economía, como los dos que he mencionado, con cálculos de cuánto es el costo, cuántos son los ingresos y con la idea que la manera de modificar la distribución del ingreso es una intervención masiva y simultánea, no poquititos cada tres meses, poquititos cada un año, pequeños mejoramientos.
Un amigo mío que no era militante de ningún partido, pero es un hombre de izquierda, fue preso político, Herman Schwenberg que murió hace un tiempo, ingeniero, escribió un libro con otro joven sobre la distribución del ingreso en Chile, y se los recomiendo, se llama La distribución del ingreso en Chile un enfermo grave, pero él intenta una propuesta, eso es lo interesante del libro, él se atreve a hacer una propuesta para tener un impacto, y la propuesta es subir las pensiones durante un cierto período de años en un porcentaje mayor que el alza del costo de la vida, subir el salario mínimo, que es la más complicada desde el punto de vista económico, y subir los salarios de los funcionarios del Estado y de los municipios, él es un ingeniero, hace modelos computacionales, matemáticos y muestra esta simulación cuál es el impacto que produciría. Entonces no tenemos que conformarnos con bajar el Gini escandaloso de 0,54 a 0,53, que no significa nada, 57 a 54, el Gini es un coeficiente que tiene además distorsiones en la medida, tanto en la anterior como en esta.
Pero hagámonos la pregunta de una vez por todas si queremos hablar de Chile, qué vamos a hacer entonces si no pasa ninguna ley, ni siquiera la iniciativa popular de ley, la derecha también sabe que en Suiza sólo un 3% de las leyes fueron aprobadas, entonces si fuera así la derecha debería aprobar esto porque no tiene mayor impacto. Yo estoy de acuerdo con Alfredo, es un proyecto menor, casi simbólico, aunque lo simbólico es muy importante, el punto es qué hacemos si el Parlamento que tenemos no va a pasar nunca una ley, cómo logramos que pase alguna, primero ejercer las mayorías cuando las tenemos, porque discúlpenme, cuando la Concertación tuvo mayoría en las dos cámaras no las ejerció, las leyes del trabajo no requieren quórum especial, y segundo, tratar de tener las mayorías, pero para tener las mayorías hay que juntarse, esta izquierda heterogénea, repartida, una en el gobierno, otra fuera excluida durante 18 años, otra, la más importante a mi juicio, los millones de jóvenes, cientos de miles de jóvenes con corazón y pensamiento de izquierda que no se inscriben y que no votan, esa es la más importante, juntémosla y le vamos a ganar a la derecha, votan a la derecha, no me importa, será una vez y a la siguiente no lo van a hacer, las encuestas dicen que votan a la derecha algunos, me dicen, para mí no es argumento, además votan a la derecha, Alfredo, tú sabes por qué, porque los diarios que leen todos los días los hace la derecha, porque la televisión que ven todos los días la controla la derecha, porque el discurso que hacen nuestros dirigentes es un discurso que no se diferencia al de la derecha, por eso votan por la derecha.

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